Rómulo Macció, texto catálogo galería Ruth Benzacar, Buenos Aires septiembre 2022.
La historia de esta muestra comienza con un llamado de Orly. Nos encontramos en un Café y me comenta la posibilidad de hacer una muestra de Macció advirtiéndome que se trataba de trabajos de diferentes períodos. Rómulo es uno de los artistas que me quedaban pendientes. No se dio la oportunidad de hacer nada con él mientras vivía. Así que el entusiasmo fue enorme.
Entonces empezó el viaje cuando fuimos a ver las obras. Me deslumbró su pasión, lo prolífico de su producción y lo ecléctico del conjunto. Una variedad contraria a la posibilidad de encasillarlo en un estilo. La historia del arte se escribe muy editada y recortada tomando solo algunos períodos. Algo que ocurre especialmente con los artistas que fueron parte de la Nueva Figuración. Es como si solamente esos cuatro años (del 61 al 64) hubieran congelado la enorme trayectoria posterior. Una vez me lo encontré en la galería Vasari y me dijo “por favor no me preguntes de ese período, quiero hablar de lo que hago ahora, ya pasaron muchos años de eso y fue muy poco tiempo”. Me acordé de la canción de Divididos, “ ya no soy el actor de lo que fui”.Debe ser muy difícil que te sigan pidiendo ser un personaje que ya no sos y lidiar con la manía clasificatoria de ser artista de una década, cuando seguís trabajando en muchas otras.
Ahí empecé a esbozar el criterio de la curaduría. Estamos en un momento interesante para revisar la historia del arte, con enfoques más amplios. Quise mostrar algunas obras de Rómulo que quedaron al margen. Tal vez por no adaptarse a marcos preestablecidos o por la inercia de pensar nuevos modelos de aproximación.
Transcribo una serie de notas que fui apuntando:
Macció es un artista libre. Tiene tantos estilos como sus ganas de pintar lo que se le daba la gana. Y esto también se ve en sus temas: el hombre, el existencialismo, la cancha de Boca, los paisajes, Leonardo, las abstracciones surrealistas, el horror, el humor, Nueva York y mucho más. Viendo todo el conjunto, se reconoce una manera, el Universo Macció, en el uso del color. Se siente el placer de pintar y la extrema sensualidad en colores también extremos. Me cierra entonces aquella frase suya: “En pintura, lo importante es la pintura”. Posibles grupos: rostros, bichos, onírico, paisaje simbolista, diario del horror.
Siguiendo con el viaje a ese taller, veo en una mesa una carpeta cerrada de trabajos sobre papel.Me dicen que es obra inédita, perteneciente a un momento familiar que quedó sin abrir. Me empiezo a sentir como si estuviera frente a un Aleph, habiendo arribado al inefable centro de su Universo. Entonces abrí esa carpeta, y todas las partes del rompecabezas empezaron a encajar. Dibujos, anotaciones, recortes. Desde los años 50 hasta el final, todo aparece en ese corpus de obra gráfica. Las caras atravesadas, el violeta con el celeste, el amarillo con el rojo, el verde flúo, esas formas redondeadas de la etapa Grupo Boa, que se repiten en obra reciente.
Decidimos un montaje evitando la falsa unicidad de la cronología, intercalando lo anterior con lo actual porque entonces el pasado se junta con el presente armando el caleidoscopio de ese Aleph privado de Macció, que se integra en todos sus momentos. Reactualizaciones y reinterpretaciones de algo que ya está en sus inicios.
El asombro fue enorme cando encontramos un dibujo de 1964 donde se lee: “Tenemos que preparar todo para la peste”. Hay tumbas, cruces, muertes y esas caras del horror que toma de El Grito de Munch (hay varios bocetos de ese grito en sus libretas). Le siguen una gran cantidad de escenas apocalípticas de horror y desesperación. En estos últimos años hemos vivido eso que Rómulo anuncia hace 60 años. No sé a qué peste se refería él y no quiero hacer conjeturas. Los grandes artistas producen obras que siguen funcionando y se activan en cada momento porque tienen reserva de sentido. Una carga simbólica que se reactualiza.
Entonces termina mi viaje y empieza esta muestra. La de un artista inmenso, libre y contemporáneo.
POR LAURA BATKIS
