Texto catálogo muestra Planimetrías, Galería Alejandro Faggioni, Buenos Aires, abril 2024.
El salto más ambicioso y ruptural en la historia del arte de Occidente, sigue siendo hoy, sin duda, el momento en que la imagen se aleja del modelo exterior. El arte deja de remitirse a un código mimético, para dar paso a la no representación. El carácter narrativo del arte se basó en la concordancia entre lo representado la realidad externa. Dejar este modo de percepción implica un cambio sustancial en el paradigma que establece lo que es un bien cultural de lo que no lo es. La resignificación de los criterios simbólicos en cada época define la posibilidad de interpretar el hecho artístico y de apropiarse de bienes culturales. La irrupción de arte abstracto marca la posibilidad manipular nuevas herramientas de desciframiento de un lenguaje inaugural. La obra comenzó a ser un texto autorreferencial, que exige al espectador una puesta en acto de lo que hoy llamamos los modelos mentales. La representación no objetiva dio lugar a la construcción de un lenguaje que es hoy la base de todo el arte contemporáneo. La reducción que proponen estas poéticas deriva años más tarde en el minimalismo y al arte conceptual, porque al cesar la correspondencia con el objeto de la realidad, se hace posible transportar al espacio una percepción plástica reproducida en el plano de una pintura.
El aparente silencio del relato es parte constitutivo del contenido de este. Como lo expresa Didi – Huberman, “El valor de la falta constituye la operación formal más interesante, más innovadora del arte contemporáneo, y la operación literalmente anacrónica de todo deseo y de todo duelo humano. El silencio es esencial”. La complejidad de esta tendencia es parte constitutiva de su matriz conceptual, como lo expresa Ad Reinhardt en sus escritos: “El arte abstracto o no representativo ha existido durante todo este siglo y, aunque más especializado que el arte anterior, es más claro y completo y, como todo el pensamiento y el conocimiento modernos, más exigente en su descripción de las relaciones”.
Los artistas de esta muestra abarcan un panorama de todas las variables de esta corriente que surgieron en nuestro país desde mediados de los años 40. Por un lado, están los que adhieren a un proyecto racional y sistemático. Se trata de los fueron parte de la Asociación Arte Concreto Invención, y a otros que, si bien no fueron parte del grupo inicial, siguieron estos postulados. Son Carmelo Arden Quin, Antonio Caraduje, Manuel Espinosa, Alfredo Hlito, Raúl Lozza, Juan Melé, Miguel Ocampo y Lidy Prati. Todos ellos ponen el énfasis más en los problemas sintácticos formales que en la dimensión semántico, para alejarse del carácter subjetivo del arte. Es un camino que sigue los lineamientos de la Bauhaus por su carácter cientificista. La obra no es un producto de un hacer intuitivo sino de un proyecto, o sea de un plano definido por coordenadas matemáticas y exactas. En el Manifiesto Invencionista fundaron los planteamientos de un arte concreto para alejarse de la palabra abstracción que implica un punto de partida anclado en el objeto real. Lo concreto son las formas y los colores sin ninguna referencia a lo que está por fuera de la planimetría de la obra. Tal como en el trabajo de Juan Melé expuesto en esta muestra, priorizan la noción de invención para referirse al modo proyectual de concebir el trabajo. La obra de Alfredo Hlito se alinea en un modelo constructivista ligado al uruguayo Torres García. El trabajo de Manuel Alvarez, que fue parte del envío a la Bienal de San Pablo 1958, aborda el canon de la visualidad pura y el cromatismo plano con elegancia exquisita. El interés por la geometría en la obra – objeto de Arden Quin está presente en una serie de sus coplanares. Son estructuras espaciales en las que todos los puntos se encuentran en el mismo plano, con cambios en la disposición de las figuras de marco recortado. La Estructura de la obra N.º 431”, de Raúl Lozza refiere al interés por el proyecto como base conceptual y punto de partida de posibles elaboraciones que pueden, o no, materializarse en obras. Lozza adhiere al Preceptismo, marcando una ruptura con lo pictórico en propuestas que se extienden al espacio. Arma formas que carecen del fondo representado y son colocadas sobre un fondo real, permitiendo una síntesis de forma y color. La pintura de Manuel Espinosa se funda en la repetición de círculos y cuadrados traslucidos generando un efecto virtual de sombra que lo acerca a planteos ópticos.
En otro grupo podemos ubicar a aquellos que adhieren a una abstracción más libre, al margen de la estética científica o tomando la geometría de manera más autónoma. Muchos de estos artistas integraron la Asociación Arte Nuevo que se formó en 1955 por iniciativa de Arden Quin y Aldo Pellegrini. La nuevo era definitivamente la idea de la abstracción como corriente fundamental de la vanguardia. La pincelada más suelta, con cierta carga emocional, derivará más tarde en el inicio del informalismo. La Asociación tenía por objetivo difundir las manifestaciones de las letras y las artes por medio de conferencias y muestras de arte no figurativo En el primer número del Boletín de la Asociación Arte Nuevo de 1956 (que se publicaría hasta 1958) señalan que “La plástica no figurativa disfruta, entre nosotros, de una situación particular. Repudio, desestima, ironía, todas las formas de agresión solapada de un ambiente hostil son ejercidas para desconocer la intención profundamente renovadora de esa forma de expresión artística; en otro orden de reacciones, el silencio y la indiferencia”. Entre los artistas que participaron en las primeras muestras están Martín Blaszko, Noemí Gerstein, Aldo Paparella, Carlos Silva y Eduardo Jonquieres. Cabe destacar que varios de estos artistas fueron migrando entre varios movimientos. Como Martín Blaszko, quien luego de su etapa concreta fue miembro fundador del Madí. Tanto el cómo la Asociación Arte Concreto-Invención y el Preceptismo, son todos parte de la abstracción rioplatense que a partir de 1944 desarrolló una propuesta al margen de la representación y la expresión de tradición romántica, incluyendo el surrealismo, y en particular frente a las restricciones impuestas por el formato del cuadro a la pintura. Todo esto se tradujo en exposiciones, publicaciones y Manifiestos. Los collages de Blaszko son especulaciones sobre la forma y el equilibrio. En muchos casos, también son ejercicios sutiles para una probable puesta en espacio de sus trabajos escultóricos, dado que para este artista había una relación estrecha entre el dibujo y la escultura. Noemí Gerstein es una de las artistas más innovadoras de la renovación escultórica del arte argentino. Su bajorrelieve en yeso denota la impronta de su paso por el taller del maestro Alfredo Bigatti en la reducción estructural la línea figurativa. Su trabajo toma distancia del programa visual de la abstracción pura y dura y se insinúa en un dominio más lírico y evocativo.
Norberto Cresta nació en Santa Fe y tuvo una importante trayectoria en la provincia de Córdoba, donde fundó el Grupo de los 6. Posteriormente desarrolló una importante carrera en Alemania donde fue uno de los principales puristas de la Nueva Abstracción en Alemania. El centro de interés de su obra radica en lo que el propio artista llamó «el espacio-color», noción que puede asociarse con el concepto espacial de Lucio Fontana y el campo de color de la abstracción norteamericana de posguerra. Su pintura, netamente geométrica, conjuga color, línea y espacio en relaciones de simetría, continuidad y repetición.
Eduardo Serón fue una pieza clave en la difusión del arte concreto en Rosario a través de su pintura, la gestión y la organización de encuentros culturales. Estuvo vinculado a dos reconocidos grupos plásticos rosarinos: ¨Refugio¨, donde estudió dibujo y pintura, y ¨Taller¨, donde completó su formación con Juan Grela. Definía su pintura como una sumatoria de parábolas visuales, en un tono lírico de su geometría libre que lo aleja de la rigidez de las manifestaciones invencioncitas.
En la década de los sesenta se desarrolla un tipo abstracción geométrica que continúa en cierta forma las investigaciones del arte concreto, pero sobre la base del análisis de los principios esenciales de la percepción visual. Entre ellos encontramos a María Martorell, Ary Brizzi, Carlos Silva y los integrantes del Grupo de Arte Generativo: Eduardo Mac Entyre y Miguel Ángel Vidal. En María Martorell el proceso de abstracción del paisaje en franjas ondulantes de color en elipsis rítmicas tiene una raíz americana que también se vislumbra en sus tapices. En el Arte Generativo, creado en 1960 por Eduardo Mac Entyre y Miguel Angel Vidal los planteos ópticos a partir de la curva y el uso del compás, forman líneas que engendran formas y movimiento virtual. Usan la línea y la curva repetida de modo sistemático según un orden estructural. Son obras construidas que se originan en un punto que se expande y superpone con líneas surgidas desde otro punto. En Mac Entyre las formas surgen de circunferencias trazadas a partir de puntos generadores. Las amplias curvas dibujan una trama con intensa carga informativa. Yente y Juan Del Prete son artistas independientes, que compartieron su vida y su carrera profesional, intercambiando cotidianamente ideas en torno al arte. Transitaron tanto la abstracción como la figuración abarcando, diversos estilos (entre otros, cubismo, surrealismo, abstracción, expresionismo), así como una experimentación matérica.
Martha Boto y Gregorio Vardánega circulan por la variable cinética del arte abstracto, donde el interés se centra en el movimiento, la transformación y la luz. Es fundamental para el desarrollo de este movimiento el interés que suscitó Víctor Vasarely en el ámbito de los artistas argentinos radicados en París y en el ámbito local gracias a la muestra presentada en 1958 en el Museo Nacional de Bellas Artes. El cientismo exploró el movimiento virtual o ilusorio producido por la percepción óptica en sus pinturas y el movimiento real en las esculturas. Buscaron la experiencia plena del espectador como participante activo al involucrarse en la visión para completar e interpretar la obra. Transitaron entre figuración y abstracción abarcando diversos estilos (entre otros, cubismo, surrealismo, abstracción, expresionismo), así como una experimentación en diferentes soportes.
Hay en esta muestra dos trabajos de Alejandro Puente que marcan diferentes momentos en su producción. La obra de 1966 pertenece al momento en que integra el Grupo SI de La Plata, junto con César Paternosto, Dalmiro Sirabo, César Ambrosini y Juan Antonio Sitro. Esta manera de trabajar se enmarca en la llamada Nueva Geometría en la que reducen al máximo los elementos plásticos, y deriva años más tarde en estructuras primarias de corte minimalista. Por otra parte, la obra de 1974 muestra en momento en que Puente define su camino como búsqueda y afirmación de una identidad regional en sus investigaciones sobre el primitivo arte americano, la tejeduría andina, y su posibilidad de conjugar la imagen con la geometría contemporánea.
El legado de la abstracción constructiva en nuestro país tiene una base fundante en Emilio Pettoruti, quien ya en 1914 asimila del futurismo la problemática de la representación abstracta del movimiento y la reducción volumétrica del cubismo europeo. El regreso a nuestro país del pintor platense en 1924, luego de permanecer once años en Europa, familiariza a los artistas locales con las vanguardias artísticas y es, sin duda, el punto de partida para el concepto planimétrico de todas las variantes de la pintura objetiva.
POR LAURA BATKIS
