Rosas – Cynthia Cohen

Prólogo de la muestra de Cynthia Cohen en Galería Del Infinito. Buenos Aires, octubre de 2002

Cynthia Cohen pinta rosas.

Riguroso óleo con una técnica precisa, que se corresponde con una intención meditada: la pintura como pensamiento, esa “cosa mental” a la que se refería Leonardo Da Vinci en su Tratado de la Pintura. Pensamiento que se percibe en la imagen para facilitar el ingreso del espectador, para que la mirada del “otro” penetre con inmediatez ese mensaje inscripto en una representación.

Así como algunas palabras se vacían de contenido por su reiterado abuso, lo mismo ocurre cuando el arte reitera fórmulas vanguardistas que terminan siendo un tic, o una mueca decadente. Por eso, Cohen se remite a la tradición retiniana del arte moderno, para invocar la mirada emocionada  que se desliza suavemente por la superficie de sus telas.

La artista copia rosas de fotos y de un libro de Botánica. Imagino a los pintores viajeros  que documentaban un paisaje recién descubierto, como Bonpland  dibujando orquídeas. En el placer demorado de cada pincelada, Cohen redescubre su propio territorio. 

“Rosa es una rosa es una rosa.

Extrema hermosura “,

Escribía en 1913 Gertrude Stein,  la gran mecenas norteamericana.

Lo extremo en estos cuadros es la tensión agónica que provoca la flor en la desmesura de los primeros planos, donde se sienten los pétalos aterciopelados, la piel transparente, los recorridos orgánicos llevados al límite de la pulsión estética. Ese límite acotado en una frase de Marcel Duchamp: “La vida es Eros”, cuando el artista inventa a Rrose Sélavy, su alter ego femenino. 

En esta muestra Cynthia Cohen nos ofrece un paraíso artificial en medio del infierno y de la insondable soledad cotidiana,  buscando permanecer en el recuerdo del que mira con la atracción inevitable del goce, en búsqueda de la Belleza perdida. 

POR LAURA BATKIS